Es la última jugada del primer tiempo y Atlético tiene una contra inmejorable. Renzo Tesuri avanza con cuatro compañeros por delante pero, en lugar de atacar los espacios y buscar el gol, decide darse la vuelta y empezar de nuevo. El juego vuelve a tornarse pausado. Julio César Falcioni abre los brazos y rezonga desde el banco.
El uno por uno de Atlético Tucumán: Leandro Díaz fue la gran figura en el triunfo ante Central CórdobaPuede parecer una imagen aislada, pero aquella reacción terminó explicando mucho más que una decisión equivocada. El entrenador estaba convencido de que su equipo podía hacer algo más en el Madre de Ciudades. Que el empate no debía conformarlo, que disponía de espacios para atacar y que la victoria estaba al alcance de las manos. El desarrollo posterior le dio la razón: Atlético venció 2-0 a Central Córdoba y consiguió su primer triunfo en el Clausura.
Las claves tácticas del triunfo de Atlético Tucumán: cómo Falcioni le ganó la partida a DomínguezEl “Decano” no brilló. Estuvo lejos de hacerlo. Volvió a atravesar momentos de circulación lenta, cometió muchas imprecisiones y tuvo dificultades para darles continuidad a sus avances. Sin embargo, reaparecieron el orden y la solidez defensiva que el entrenador ya logró imprimirle al equipo. Esas virtudes fueron la base de una victoria importante para sumar en la tabla anual y en la de los promedios frente a un rival directo en la lucha por la permanencia.
¿Es el clásico del Norte? Qué piensan los hinchas de Central Córdoba sobre la rivalidad con Atlético TucumánFalcioni entendió que el partido podía ganarse. Su fastidio ante aquella contra desperdiciada fue la expresión de un entrenador que veía algo que sus jugadores todavía no terminaban de advertir: Central Córdoba dejaba espacios y Atlético tenía herramientas para aprovecharlos.
Y, si de espacios se trata, Ramiro Ruiz Rodríguez sabe explotarlos mejor que nadie. No estaba teniendo una actuación destacada, pero terminó siendo determinante en la asistencia que le brindó a Leandro Díaz para abrir el marcador. El “Loco” rompió una sequía de seis partidos sin convertir y desató un festejo alocado en el banco de suplentes. Aunque el delantero marcó el gol, todos corrieron primero a felicitar al “Oreja”.
Con el resultado a favor, todo empezó a marchar sobre rieles. Que Falcioni abrazara las ideas del pragmatismo tenía más sentido que nunca. El equipo protegió la ventaja sin permitir que el “Ferroviario” lo lastimara. El local tuvo algún acercamiento, pero no mucho más. Atlético manejó los tiempos, mantuvo su estructura y obligó al rival a atacar sin claridad.
Para completar la noche, el goleador estuvo encendido. Díaz convirtió un golazo para sellar el segundo y demostró que, si el equipo apuesta por conservar el orden defensivo como principal herramienta para sumar, su aporte ofensivo resulta vital. Atlético no genera demasiadas ocasiones y todavía le cuesta construir ataques sostenidos, pero cuando su “9” es contundente, el plan se vuelve mucho más efectivo.
Porque este Atlético puede no gustar. Puede desatar algún insulto o incluso gestos de fastidio como el de Falcioni. Pero algo es innegable: volvió a competir. En cualquier escenario y de cualquier manera. Y así, sumar se convierte en una tarea mucho más alcanzable. Sabe que atrás va a cumplir. Sólo debe confiar en que arriba alguna le quedará.
El "Decano" se acostumbró a festejar lejos de casa
Ahora queda festejar y asimilar que aquel equipo que pasó 464 días sin ganar como visitante, y ya ganó dos partidos seguidos. Tres fuera de casa, si se contabiliza el duelo contra Talleres en Rosario por la Copa Argentina. Lleva cinco encuentros invicto y ya mejoró su cosecha respecto del Apertura, cuando sólo había sumado un punto tras dos partidos disputados.
El próximo desafío será frente a Huracán y después llegará Sarmiento, otro rival directo en la lucha por la permanencia. Pero eso se afrontará con otra impronta. Con la confianza de un equipo que en el Madre de Ciudades dio a luz a su primera victoria del torneo. Y con la certeza de un entrenador que, a partir de ese gesto de fastidio, le mostró al mundo “decano” que, pese a su pragmatismo, su ambición está intacta y el equipo puede soñar.